Oración en familia

Hablar de oración en la vida de la familia Martin es subrayar algunos rasgos:

En primer lugar, la oración es una experiencia recibida y trasmitida. Viendo rezar a sus padres, Luis y Celia aprendieron ellos mismos a hacerlo y de alguna manera vivieron la experiencia de Dios.

Del Capitán Martin, padre de Luis, se recuerda la respuesta que dio a los que se asombraban al verlo rezar: ”Decidles que rezo porque creo” Testimonio de una plegaria que se hace en presencia de Dios y lleva a pensar a los que son testigos de ella que ”tiene a alguien delante de él.”

El señor Guérin , Isidoro, al día siguiente del viaje de novios a Alençon, en noviembre de 1866, en una carta de Celia a su hermana, le cuenta la reacción de su padre: “Estaba tan contento de tener una nuera morena tan bonita, que, en el colmo de su alegría, nos llevo a la iglesia para dar gracias a Dios” Testimonio de una oración encarnada tanto en los acontecimientos felices como en los desgraciados de la vida y que se nutrió en ellos.

Esta oración fue también una experiencia vivida en familia.

 

 

En casa de los Martin la oración tuvo gran importancia. En la habitación de María y de Paulina, delante de la estatua de la Santísima Virgen que después será llamada “la Virgen de la Sonrisa”, se reunía todos para rezar en familia. Le presentaban a Dios y a la Santísima Virgen múltiples peticiones y, cuando alguna era muy importante, solicitaban la celebración de una novena de misas. Las fiestas de la Virgen se festejaban mucho. Durante el mes de mayo la ornamentación que la familia ponía a la Virgen era tan hermosa que a los ojos de las niñas ¡hacía competencia a la de la iglesia de Nuestra Señora!

Pero esta oración en común no impedía que cada uno desarrollara la oración personal. Oración muy mariana en Celia, que siempre tuvo mucha confianza en la Inmaculada de la que recibió numerosas gracias, tanto en su vida profesional como familiar.

La de Luis parece que fue más contemplativa, nutriéndola con lecturas de las que tenemos constancia en sus cuadernos. Se enraizaba en su atracción por Dios y en el deseo de entregarse a Él desde el principio al final de su vida.

Su oración también se alimentaba en los retiros que hacía en monasterios y en las peregrinaciones en las que se unía a otros cristianos y a las grandes cuestiones de su tiempo. El círculo Vital Romet de Alençon, del que Luis fue miembro fiel,  enraizó su   acción social  en  la Adoración nocturna y en  la misa del domingo…

La oración de la familia Martin fue una experiencia eclesial

Su oración se alimentaba de la lectura del Año litúrgico de Don Guéranger, anticipándose a la renovación litúgica del siglo XX y a la participación de los laicos. Hecho notable:

Después de la liturgia de la palabra y de la homilía, Luis Martin se dirigía con sus hijas a una capilla absidal de la catedral de Lisieux para unirse mejor al sacrificio eucarístico que celebraba el sacerdote.

La oración de la familia Martin fue experiencia realista

Los Martin recibieron numerosas gracias por medio de la oración, pero también conocieron la “oración probada,” la oración “aparentemente no escuchada”. Por ejemplo, cuando el cáncer de Celia o la enfermedad cerebral de Luis. El paso del tiempo y los frutos de su vida nos permiten pensar que, en medio de sus pruebas, siguieron confiando en Dios y nos invitan a tener nosotros la misma confianza.