Santidad en la vida de cada día

  • En la familia

Luis y Celia se interrogaron primero sobre su vocación religiosa y después, con igual confianza en Dios, se comprometieron en matrimonio. El hogar de Luis y Celia fue un lugar privilegiado para sus hijos en su experiencia de amor y de transmisión de la fe. En casa, en la intimidad de la familia y de la vida doméstica, cada uno aprendió a dar y a recibir.

En medio de sus muchas preocupaciones profesionales, los padres supieron enseñar a sus hijos, desde su más tierna infancia, las verdades de la fe. Fueron también los primeros maestros de sus hijos, iniciándolos en la oración, en el amor y en la confianza en Dios, mostrándoles que rezaban solos o en familia, acompañándolos a oír misa y a visitar al Santísimo Sacramento.

Además de enseñarles el valor de la oración, transformaron su casa en “una escuela de oración, resaltando lo importante que era estar con Jesús y escuchar el Evangelio que nos habla de Él. Luis y Celia pidieron a Dios tener muchos hijos “para que todos se consagrasen a Él”.

 

Famille Martin - rue St Blaisen°2 (2)

 

La señora Martin pedía a sus hijas mayores cada noche que rezasen a San José para que les diera un hermanito que un día dijese misa y fuese misionero en tierras lejanas… (CF 21, 13 de enero  1867) El deseo de Luis y Celia de tener un hijo sacerdote misionero los llevó a ayudar a las obras misioneras, siendo de los primeros que se inscribieron en la obra de la Propagación de la Fe que acababa de fundar Paulina Jarico.

Luis aceptó en la fe la vocación de sus hijas. Cuando Celina le anunció que también ella entraría en el Carmelo le dijo: “Vamos juntos delante del Santísimo Sacramento para dar gracias a Dios que me ha hecho el honor de escoger a todas mis hijas.”

“¡Desearon tanto tener un hijo misionero! Si hubiesen podido correr el velo del futuro, hubieran visto que su deseo se ha realizado en mí.” Santa Teresita del Niño Jesús (Carta 226 al P. Roulland)

  • En el trabajo

A las criadas de la casa se las trató siempre como miembros de la familia. Celia las cuidó cuando estuvieron enfermas. ”He tenido fiebre durante tres o cuatro días, escribía Celia, tenía mal la garganta, pero tuve que estar levantada gran parte de la noche para cuidar a la criada.”

“A las criadas hay que demostrarles que se las quiere, hay que testimoniarles simpatía y no ser demasiado severas con ellas… Es verdad que trato a mis criadas como a mis hijas.” CF 29 a su hermano: “Quisiera tener pedidos. Me da mucha pena tener que mandar a mis obreras a su casa sin trabajo.” CF 150

Si hubiésemos querido, la venta (de su negocio de encaje) estaría concluida, pero tengo el deber de abrir los ojos de estas personas sobre ciertas dificultades porque sólo ven lo hermoso del negocio y esto no me gusta….” CF 183

  • En la sociedad

Como comerciantes  y patronos, Luis y Celia se relacionaron con personas muy diferentes.

Luis participó en peregrinaciones a París, a Chartres, en  las que  se encontró con personas de todas las procedencias.

También se relacionaron con los diversos estamentos de la sociedad en la que vivieron. Al necesitar nodrizas para sus hijos, conocieron desde dentro la forma de vivir tanto de las personas de la ciudad como del campo.

  • Atención especial a los pobres

“La apertura y la capacidad de acogida de la familia Martin fueron proverbiales: No solamente su casa estaba abierta para acoger a todos los que llamaban a la puerta, sino que el corazón de estos esposos estaba lleno de amor y dispuesto al “don de sí mismo”.

(Cardenal Sareiva Martin en la beatificación de Luis y Celia)

  • Compromiso fuerte en el terreno social

Luis Martin perteneció a un grupo unido por la amistad: trece hombres del barrio de Monsort, de diversas profesiones (artesanos, comerciantes, profesores, funcionarios, profesiones liberales) y opciones políticas (realistas, republicanos).

Católicos comprometidos socialmente, siguieron los pasos de Federico Ozanam al servicio de los más pobres (Conferencias de San Vicente de Paúl fundadas en Alençon en 1847) ”Es tiempo de mostrar que la Iglesia puede ayudar a la causa de los trabajadores.” F Ozanam

Luis Martin contribuyó a la fundación patrocinada por Albert de Mun. En 1876 fue el undécimo suscriptor de dicha fundación en Alençon, en 1876.

Los católicos comprometidos socialmente ayudaron a organizarse a la  clase obrera. Vital Romet  fue uno de los promotores de la mutualidad en Alençon en 1876.